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¡Venga tu Reino!

Actitud ante la cruz

Temas de vida consagrada

Por: P. Limón

 

20 de marzo de 2020

 

“Venid a mí, todos los fatigados y agobiados y yo os aliviaré. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y encontraréis descanso para vuestras almas: porque mi yugo es suave y mi carga ligera” Mt 11, 28-30

 Vivimos este tiempo de gracia que es la cuaresma, preparándonos para la Semana Grande, en la que acompañaremos a Cristo en su pasión, muerte y resurrección. Indudablemente la Iglesia nos va llevando de modo gradual, como Madre y Maestra hacia la comprensión de los misterios de Cristo.

 Es muy importante preguntarnos cuál es mi actitud ante la cruz, que postura toma mi alma ante el misterio y la ciencia de la cruz. Depende de mi disposición personal el que yo pueda recibir las gracias que el Señor en este período litúrgico quiere regalarme para mi santificación, mi identificación con Cristo.

 

Propongo las siguientes reflexiones:

 

1.- La actitud de mi alma ante la cruz

La cruz es un símbolo (Symbólum: una forma de exteriorizar una idea o un pensamiento). La cruz expresa el amor que Dios nos tiene; la cruz después de la pasión de Cristo se ha convertido en el símbolo del amor de Dios hacia nosotros. Cabe preguntarnos a estas alturas de la cuaresma, a esta altura de nuestra vida y de nuestro seguimiento de Cristo, al ver la cruz ¿capto la idea, capto el pensamiento que Dios quiere transmitirme a través de la cruz? O simplemente no le entiendo y me da miedo preguntar.

Hay varias actitudes que surgen ante la cruz:

No comprendo y no quiero aceptar

No la quiero y no quiero comprender

 

Hay otras tantas actitudes cuando nos encontramos con Jesús crucificado, por ejemplo, cuando no rehuimos el encuentro cara a cara al que nos invitaba el Papa Francisco en su mensaje de cuaresma:

No comprendo y le pregunto al Señor

No la quiero y le pido la gracia de aceptarla.

 

La cruz, como la muerte son dos hechos ineludibles. La grandeza del cristiano radica en la actitud, en la postura de fe y de amor que mi alma toma ante la cruz. Y en este tiempo tienes que toparte con la cruz, abrirte al regalo de contemplar el misterio de la cruz.

 

2.- La cruz es un regalo del cielo

La cruz es uno de esos regalos incompletos, como cuando regalan pinceles sin acuarelas o un vestidito sin muñeca. La cruz para un cristiano es un regalo que hace referencia a otra cosa, mejor dicho, a Otro, que es Cristo.

Toparme ante la cruz y no pensar en Cristo, es una necedad para todo cristiano.

Ahora bien, no se trata de tener la idea de Cristo en la cabeza y tirar para delante, que por la pura decisión de la voluntad se forjan los cristianos. No, la cruz es un regalo que prepara y predispone al alma para recibir al Señor, Nuestro Redentor. Cuando recibes la llave de un automóvil, esperas el coche y a Cristo como compañero de viaje.

Pretender llevar la cruz solo, es otra necedad, no hay cruz en la vida que no la lleve Cristo con nosotros. El punto está en saber que Él ya se la ha echado a la espalda y sólo espera que nos quedemos con Él.

 

3.- La cruz estructura el cristianismo

 

            “La cruz es el apoyo del hombre y su estructura. Es el bastidor sobre el que se teje el hombre” (Lanza del Vasto).

 

La cruz es insustituible en la forja de un cristiano. No se puede construir sin estructura, por ejemplo, se pinta mal sin pantógrafo.

No puede sorprendernos la cruz, es un regalo, se espera. En la oración de cada mañana nos vamos disponiendo a recibir el dulce regalo de la cruz. Un regalo necesario que nos urge para que todo vaya creciendo correctamente.

 

Concluyendo.

Quiero traer a éstas letras la bellísima imagen que el Divino Salvador usa para expresar lo que significa nuestra vida de cristianos. “Porque mi yugo es suave y mi carga ligera” Mt 11, 30.

Guarda este pasaje mieles de amistad e intimidad del Sagrado Corazón de Jesús.

La cruz es un yugo, una yunta que se comparte. La cruz se carga acompañados, lo que el Señor nos pide es que vengamos a su lado y caminemos el Evangelii gaudium de la cruz que llena de significado y alegría nuestra vida y estructura los años que nos toque vivir en el seguimiento de Cristo aquí en la tierra y según la consagración que Él ha hecho de nosotros.

 

Por el Reino de Cristo a la gloria de Dios

Autor: Gilberto Villareal

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